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domingo, 10 de abril de 2011

El Príncipe Azul

Casi todas las niñas hemos soñado alguna vez con el Príncipe Azul, nos hacemos una imagen de cómo sería el hombre perfecto, le damos un aspecto físico y psicológico, incluso le ponemos tono de voz…con el trascurso de los años, le vamos dando retoques, basados en nuestra propia experiencia, hasta que tenemos una definición bastante exacta de lo que nos gustaría.
Mientras, vamos madurando, definiendo nuestra personalidad y sabiendo mucho mejor lo que queremos en la vida, de manera que cuando conocemos a un chico valoramos más que encajemos bien, que el hecho de que se parezca a ese príncipe azul….eso al menos es lo ideal.
Pero muchas veces ocurre que nos deslumbra el parecido de un chico nuevo con ese Príncipe Azul, nos olvidamos de todo lo anterior: de si de verdad nos gusta cómo es y no sólo lo que aparenta, de si encajamos o no, de si le gustamos tal y como somos…sólo sabemos que es “perfecto” para nosotras y que haremos “lo que haga falta” para estar con él, incluido enseñarle solo lo que pueda atraerle o incluso convertirnos en otra para seguir adelante…
Antes o después el Príncipe, deja de serlo y se vuelve normalito como todos los demás y comenzamos a verle defectos, muchos defectos y encima, como ya no podemos seguir aparentando, empezamos a mostrar una cara de nosotras mismas mucho más real que nada tiene que ver con la que mostramos en un principio.
Vamos a profundizar de verdad en las relaciones, vamos a dedicar el mayor tiempo que compartamos juntos a conocernos más y mejor…. Acordaros, también vosotros de que nadie es perfecto, aunque lo parezca.

jueves, 7 de abril de 2011

Brillar con luz propia

Dejadme que entre en detalles… ya os dije que el líder “debe brillar con luz propia y sacar lo mejor de los demás”. Hoy quiero hablar sobre lo primero.
Brillar no significa necesariamente relucir más que los demás, desde mi punto de vista se trata solo de tener una lucecita encendida dentro, normalmente en el corazón, eso se refleja en el exterior y se traduce en brillo, llamativo para los demás. Todos poseemos esa bombillita, lo que ocurre es que algunos aun no la han encendido.
Ser capaces de despertar admiración no tiene nada que ver con la perfeccion…nadie es perfecto, sin embargo todos admiramos cualidades como la honestidad, la lealtad, el buen hacer, la amabilidad, etc. Desde la admiración es muy fácil infundir respeto, y desde el respeto trasmitir autoridad. No una autoridad impuesta por un cargo de altura o por el poder de la fuerza. Es más parecida a la autoridad de un padre o madre al que se ama, al que “es mejor hacerle caso” porque sabe lo que se hace y lo que nos pida será bueno para nosotros, incluso cuando no estamos seguros de haberlo entendido. No sé si me explico bien.
Es imposible influir a largo plazo en los demás por la fuerza o el poder…es mucho más sencillo que alguien que se ha ganado el respeto y la admiración de otros, resulte inspirador y motivador.
En definitiva alguien que da lo mejor de sí es fácil que obtenga lo mejor de los demás.