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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Talento

Nos han enseñado a perseguir resultados, a acumular bienes materiales, a cuanto más tienes más vales…pero todos sabemos que eso no da la Felicidad.

En el mundo empresarial, se relaciona directamente talento y productividad, o lo que es lo mismo, realización personal y eficacia. Ya lo he explicado en otras ocasiones, para mí, la clave es en lugar de definir los puestos de trabajo y luego buscar candidatos…tener los mejores candidatos (en todos los sentidos) y luego saber convertir sus “talentos” y posibilidades, en puestos de trabajo eficaces y rentables.
A partir del momento en que uno descubre, que haciendo bien lo que mejor sabe hacer, se “multiplica”, crece y mejora, es también más feliz. Y es que la Vida cobra sentido, cuando dejamos de sentirnos frustrados, insatisfechos.

Yo apostaría en las entrevistas de selección por las personas, esto es, si tengo delante alguien talentoso, apostaría por tenerlo en mi equipo, “tú te quedas, aquí me interesas” y ahora voy a dedicarme a saber donde es mejor para todos colocarte. Y descartaría a personas que hacen “algo” concreto bien pero que no son felices, pues aún no tienen claro que hacer con su vida.
Si alguno de los que me leéis, estáis pensando, “claro, pero no es tan fácil, pues tenemos que trabajar y ganarnos el pan de cada día, y más ahora con la que está cayendo, que todo el mundo busca el trabajo que sea”, os diré que no estoy hablando de trabajar sólo en aquello que me hace feliz, si no de ser feliz en aquello que sea que estoy trabajando. Ese es el talento que más me interesa, descubrir que estoy hecho para ser feliz y que hay miles de cosas que están encaminadas a que realmente lo consiga.

Tener TALENTO para ser PERSONA de verdad,  para convertirme en mi mejor versión. Este video fantástico nos recuerda, que no hace falta casi nada para ser Feliz.

lunes, 22 de octubre de 2012

Pedro y el lobo

Espero no ser la única en utilizar este recurso una y otra vez con sus hijos. Lo cierto, es que no puede resultar más práctica y sencilla la historia de este muchacho, que por culpa de las mentiras, al final acaba más solo que la una, nadie le hace caso.

En concreto, quisiera hablar hoy de los varios usos que se le puede dar a esta historia. El primero es el más usado, les decimos a los niños que no deben mentir, que los mentirosos generan desconfianza y luego aunque digan la verdad son difíciles de creer. Pierden ellos.
El segundo, el que más uso en casa, es el de no exagerar tanto, por ejemplo con los llantos o los gritos por cualquier cosa. Si por una tontería de nada,  se arma la marimorena, yo poco a poco, dejo de prestar atención, de forma que a veces no sé si lo que ha pasado es que alguno de los niños se ha hecho daño de verdad o es sólo que uno de los hermanos le ha quitado un lápiz al otro. Pierden ellos y pierdo yo.

El último lo acabo de descubrir, a veces te conviertes en Pedro sin haberlo hecho conscientemente y ¡ay! qué complicado quitarse el sambenito… No es por mentir, ni siquiera por exagerar, es por decir tantas veces las mismas palabras, utilizar la misma amenaza incumplida en las discusiones, que el asunto en cuestión, pierde su peso y el oyente o causante de nuestro malestar, acaba por hacerte ni el menor caso. Es un “ya viene con el discurso de siempre, solo me queda esperar a que se le pase y luego como si nada”. En este caso pierdo más yo.
Conclusión, que para algo me tiene que servir escribir este post, mediré mejor las palabras, intentaré no repetirme y con un poco más de creatividad y un poco menos de euforia, encontrar la forma de que me hagas un poco de caso, vamos de que me eches cuentas!!