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lunes, 22 de octubre de 2012

Pedro y el lobo

Espero no ser la única en utilizar este recurso una y otra vez con sus hijos. Lo cierto, es que no puede resultar más práctica y sencilla la historia de este muchacho, que por culpa de las mentiras, al final acaba más solo que la una, nadie le hace caso.

En concreto, quisiera hablar hoy de los varios usos que se le puede dar a esta historia. El primero es el más usado, les decimos a los niños que no deben mentir, que los mentirosos generan desconfianza y luego aunque digan la verdad son difíciles de creer. Pierden ellos.
El segundo, el que más uso en casa, es el de no exagerar tanto, por ejemplo con los llantos o los gritos por cualquier cosa. Si por una tontería de nada,  se arma la marimorena, yo poco a poco, dejo de prestar atención, de forma que a veces no sé si lo que ha pasado es que alguno de los niños se ha hecho daño de verdad o es sólo que uno de los hermanos le ha quitado un lápiz al otro. Pierden ellos y pierdo yo.

El último lo acabo de descubrir, a veces te conviertes en Pedro sin haberlo hecho conscientemente y ¡ay! qué complicado quitarse el sambenito… No es por mentir, ni siquiera por exagerar, es por decir tantas veces las mismas palabras, utilizar la misma amenaza incumplida en las discusiones, que el asunto en cuestión, pierde su peso y el oyente o causante de nuestro malestar, acaba por hacerte ni el menor caso. Es un “ya viene con el discurso de siempre, solo me queda esperar a que se le pase y luego como si nada”. En este caso pierdo más yo.
Conclusión, que para algo me tiene que servir escribir este post, mediré mejor las palabras, intentaré no repetirme y con un poco más de creatividad y un poco menos de euforia, encontrar la forma de que me hagas un poco de caso, vamos de que me eches cuentas!!

martes, 16 de octubre de 2012

Lo Imposible...un canto a la Vida

A partir del minuto 5 de película supe que escribiría un post sobre la misma. Llevaba meses esperando que se estrenara. Algo personal y quizá subconsciente me liga al tsunami. De todas las tragedias naturales, es la que más se coló en mi retina y son muchas las  veces que he soñado con ello. Un sueño que coincidiendo con el film, gira siempre en torno a mis hijos.

Muchas son las personas que me he ido encontrando y que me han dicho que es una película que no quieren  ver. Eso de ver sufrir a los demás, lejos de llevarles a algún lado positivo, les parece innecesario e incluso “grotesco”.
Sé que ha sido un taquillazo, es decir, somos muchos los que sí queríamos verla, y aunque también sé que habrá personas movidas por el morbo, estoy convencida de que la mayoría quería lo mismo que yo: Conocer  e indagar en la naturaleza humana, aprender de los demás, vislumbrar esperanza en un escenario de sufrimiento. En definitiva, saber más de la VIDA.

Se trata de una película emotiva que se cala en los huesos, que entra por cada poro y te golpea en el pecho, que te lleva primero hacia adentro para devolverte luego a la realidad más absoluta: no somos nadie y a la vez somos lo más preciado.
Lo único que he echado de menos es algo de transcendencia explícita, aunque se intuye en varios momentos de la película.

Deberías ir a verla! Al menos a mí me ha servido para querer ser mejor, hacer las cosas mejor, aprovechar cada minuto y cada instante, valorando por encima de cualquier cosa (no solo en mi interior sino en mi rutina diaria) el hecho de estar rodeada por personas a las que quiero y que me quieren, y sobre todo para concretar en un acto diario de agradecimiento el regalo más maravilloso que me ha dado Dios, mis hijos.
Enhorabuena al director, que conscientemente o no, ha conseguido tan increíble objetivo.